Ups, no sé cómo se me había pasado comentar una de las reseñas sobre "Los viejos ritos", el relato que forma parte de la antología "Be my Valentine" de Ediciones B
Dice Rosslyn, en El Rincón de la Novela romántica
Los viejos ritos está ambientada en el oeste americano. Me
ha encantado todo, todo y todo de este relato. Desde la cuidada ambientación
hasta... ¡uy, casi se me escapa! No, no... tenéis que leerlo para descubrir la
preciosa historia de amor que se esconde detrás de los protagonistas. Un relato
muy bonito, de verdad.
El resto de la reseña podéis leerlo pinchando aquí
Y no me resisto a traeros también la opinión que ha colgado Dama Luz en mi muro de FB
Solo quería decirte que me he quedado alucinada con la historia que has publicado en Be my Valentine. Me gustaría mucho que fuera una novela mucho mas larga. Me ha encantado y la releeré una y mil veces
De verdad que no me acostumbro a recibir opiniones espontáneas tan bonitas.¡¡¡Pero me encanta!!!
Chicle, una de las foreras de El rincón de la novela romántica, ha realizado la reseña de varios de los relatos de la antología "Be my Valentine".
Por la parte que me toca -es decir, por el relato "Los viejos ritos" incluido en la misma-, sólo os puedo decir que estoy encantadísima con su reseña. Porque destaca:
Los diálogos, buenísimos. La ambientación, perfecta. Y mi cara triste al terminar, porque no quería que se acabara la historia y emocionada por haber tenido la oportunidad de leer algo tan hermoso.
Y también:
Unos personajes cautivadores, tanto él como ella. Una narración impecable, rica y que da gusto leer. Me encantan las escritoras que saben lo que hacen, que saben escribir de verdad y no se limitan a combinar cuatro palabras del diccionario todo el tiempo. Viva la buena escritura.
Y el resto de lo que dice, podéis leerlo pinchando aquí
Emocionada.
Feliz.
Expectante.
Ilusionada...
... y honrada.
Así es como me siento al presentaros esta antología de relatos: "Be my Valentine"
Desde que surgió la idea de la misma, me he sentido como una niña con zapatos nuevos. Porque publicar siempre es algo emocionante. Pero hacerlo en una obra conjunta junto a compañeras como las que participan en él -a muchas de las cuales considero amigas- es para sentirse muy, pero que muy orgullosa, feliz y emocionada, como os decía.
Este jueves 14 de febrero podréis conseguir este e-book, compuesto por estos 12 relatos:
'Eres mi destino' de Ana Iturgaiz.
'El amor en tiempos del Facebook' de Pilar Cabero.
'Amor enmascarado' de Ruth M. Lerga.
'El almendro de las flores rosadas' de Nieves Hidalgo.
'Los viejos ritos' de Ava Campbell.
'Directo al corazón' de Dana Jordan.
'Baila conmigo' de Anna Casanovas.
'Una dosis extra de amor' de Marisa Grey.
'Cuando sale el sol' de Ariadna McCallen.
'Nada más puede pasar' de Aileen Diolch.
'Esperando una oportunidad' de Rowyn Oliver.
'Amarte duele' de Miranda Kellaway.
La única pena que tengo es que no podáis ver siquiera un poco del buen rollo que ha habido entre las autoras mientras esta antología se iba "cocinando" Porque si pudierais verlo, estoy segura de que os tirábais de cabeza a por él.
¡Ah! Y en cuanto a la portada, ¡no me digáis que no es preciosa! Obra de Rosa Gámez (Noabel en El Rincón de la Novela Romántica) ha puesto la guinda perfecta a una obra que lo tiene todo para enamoraros.
Así que ya sabéis. Podéis pedirlo como regalo de San Valentín, las que lo celebréis, o simplemente comprarlo porque, de una cosa podéis estar seguras, es muuuy romántico.
Y por último, os dejo el vídeo creado por Miranda Kellaway (¡¡¡Millones de gracias, Miranda!!!) para la ocasión. ¡Espero que os guste!
Lo viste desde muy lejos, mucho antes de que cruzara el rectángulo empedrado que separa la calle de esos columpios. La conversación no requería tu atención, pero fingiste estar muy interesada, contemplando de reojo su espléndida figura a la que los años no parecían haber restado nada. Caminaba charlando con aquella niña; su hija, supusiste. En realidad lo ignorabas todo de él en los últimos años; lo habías visto alguna vez con su mujer, lo recordabas paseando un coche de bebés, pero de aquello hacía ya ¿cuántos años? Difícil decirlo. Tal vez los ocho o nueve que la niña aparentaba. Tal vez más. Tal vez no.
Supiste el momento exacto en que te vio porque se quedó parado, con aquella mirada serena que siempre tuvo clavada en ti, mientras su hija tironeaba de la manga para llamar su atención. Reíste de un tonto chiste de tus amigos, impecablemente divertida, sonriente porque siempre supiste que tu sonrisa lo desarmaba. El dudó si interrumpir, y entonces tu mirada vagó distraída por el parque, hasta que se detuvo en él, y su gesto pareció sorprenderte como si realmente acabaras de verlo. Le saludaste con la mano, le sonreíste con afecto, y volviste tu atención al grupo de conocidos con los que te habías encontrado aquella mañana.
Si hubieras contado los segundos, sabrías que fueron más de los tres que creíste los que permaneció mirándote, deseando acercarse a ti y hablar de los viejos tiempos, tal vez decirte que estás estupenda, que sigues siendo tan atractiva como recordaba; que ahora que está separado le gustaría quedar contigo para saber qué ha sido de tu vida, invitarte a salir al teatro, que todavía recuerda cuánto te gustaba, y tal vez, quién sabe, retomar lo que hubo hace ¿cuántos? ¿veinte años ya?
Pero no volviste a mirarle, ocupada en demostrar lo feliz que eras en tu vida. El se despidió, aún esperando un gesto tuyo que permitiera que vuestras vidas se entrelazaran de nuevo, pero cuando pronunció tu nombre sonreíste y dijiste adiós con la mano. Te devolvió la sonrisa y se alejó, y te quedaste mirando, esta vez sí, cómo desaparecía de nuevo de tu vida con suavidad, sin ruido, sin rastro.
Y ahora no lo sabes. No sabes qué era lo que él pensaba de ti, lo que quería pedirte, lo que deseaba contarte. No sabes qué sucedió en su momento, qué fue lo que no funcionó a pesar de tus intentos y tu dolor. No sabes lo que pudo ser, lo que has dejado escapar entre tus miedos y tu orgullo, ni sabes si dentro de veinte años tendréis otra oportunidad.
No lo sabes, y no te importa. Imaginas que lo que has querido ver en su mirada es cierto, y eso te vale. Eso lo cura todo. Y te vas del parque, sabiendo que el domingo que viene buscarás otro lugar donde pasear y soñar, lejos de la realidad donde has comprendido que él habita. Eso sí lo sabes, y el resto no importa.